OTRA DE CINE

Era un hombre obeso y tambaleante. Vestía un magnifico chándal de Tractel, que reservaba para los domingos y días de fiesta. Llevaba dos grandes botes de palomitas sujetos con sus brazos sobre el pecho a la vez que, en las manos, sostenía dos vasos de Coca-Cola. Cuando entró en la sala quedó deslumbrado al mirar a la pantalla. Se giró y adelantó la cabeza en un vano intento de ver alguna persona conocida entre todos los que estábamos sentados en una de las quince salas de cine, de aquel centro comercial. El tipo subió por la escalera del lado izquierdo y en el segundo escalón dio un tumbo que por poco no lo precipitó encima del primer asiento, en el que estaba aposentada una señora elegante y bien peinada a la que acompañaba su novio doce años más joven que ella y que, en aquel momento, le metía la mano debajo de la falda aprovechando la semi-oscuridad y el escaso interés que tenía por la película.

El tipo se paró, una vez recuperado, al menos en parte, el equilibrio, y volvió a mirar a las múltiples cabezas que intentaban seguir la trama de la película. El hombre se apoyó en la barandilla y emitió un largo suspiro. Si hubiera estado algo más cerca de él habría notado el intenso olor a coñac Terry que desprendía. Bebía esa marca porque, cuando lo hacía, acudía a su memoria un antiguo anuncio en el que una chica rubia y desnuda, él la recordaba así, galopaba a lomos de un caballo blanco sin montura, mientras en la pantalla del televisor salía la botella de Terry sobre-impresionada invitando al personal a su consumo. El hombre empezó a chillar, mientras seguía buscado con la mirada.

-¿Gorda? ¿Gorda? ¿Gorda?

Se empezaron a oír silbidos reclamando silencio mientras el tipo seguía berreando.

-¿Gorda? ¿Gorda? ¿Gorda?

Se abrió la puerta y entró una chica vestida con uniforme rojo. Era delgada, de piernas largas. Tenía el pelo absolutamente negro y recogido en una cola que danzaba de un lado a otro de sus hombros.

-¿Qué le pasa señor? –Dijo dirigiéndose al borracho de las palomitas.

-Na, que no encuentro a mi muje…

-Ya, ¿pero en que sala está?

-¿Sala?

-Sí…

-Pues onde va estar: En el cine. Nusotros vemos venido al cine.

-¡Cállese ya, borracho! –Dijo alguien gritando desde el centro de la sala.

-Ande, salga conmigo. Que aquí no está y estamos molestando a los demás.

Dijo la chica delgada bajando la voz, mientras lo agarraba del brazo y salían ambos tambaleándose por la puerta que estaba situada debajo de la pantalla.

En otra sala una mujer gorda y mal humorada esperaba impaciente a su marido que le traía palomitas calientes del bar, que era lo único que le gustaba y la compensaba de la molestia de ir al cine.

 

 

 

terry

Fotos: www.fotolog.com/leocoyote1

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