CONVERSACIONES

Hoy me he levantado con dolor de espalda y enfadado con el tiempo que no me deja ir a la piscina. He empezado a leer la novela de Robert Wilson, “Sólo una muerte en Lisboa”. Llevo toda la semana pensando en una antigua conversación que tuve con Rafa García sobre las señales que no sabemos interpretar:

-Yo creo que podríamos conocer muchas de las cosas que nos
pueden pasar, sí nos fijáramos en ciertas señales que vemos, de una forma
evidente, muchas veces.

-Ya… ¿No estoy muy seguro de entenderte? Te refieres a
alguna especie de ciencia oculta, o algo de eso… -le dije.

-No, no. Creo que tiene más que ver con las matemáticas que
con oscuras y cochambrosas creencias.

-Bueno, eso quizás me guste más…

-Por ejemplo, un día por la mañana te levantas y empiezas cortándote
la cara al afeitarte, en el quiosco han agotado tu periódico, al salir del
parking rozas el coche en una columna…

-Eso es que tienes un mal día.

-Sí, claro. Pero eso solo son señales de alguna otra cosa
que te pasará indefectiblemente…

-¡Huy! Déjalo Rafa… hoy no estoy preparado para adentrarme
en esos enigmas.

Así, más o menos, transcurrió la conversación y hoy, que estaba dispuesto a analizar ciertos acontecimientos de mi vida reciente, finalmente me he olvidado y hemos pasado el desayuno hablando de los nuevos fichajes del Barça que, tampoco es un asunto baladí. Nos habíamos quedado solos y fuimos caminando hasta una tienda en la que venden trastos viejos. No hemos visto nada especialmente reseñable.

-Tengo que comprar un melón y pan –le dije, cuando ya
estábamos en la calle.

-Joder, tío. Ese tipo de combinaciones me corresponde
comprarla a mí.

-No, no. Esta combinación no es nada arriesgada; tú
comprarías unas sandalias y mayonesa…

Cuando nos despedimos recordé otra conversación que había tenido el viernes con mi querida amiga Montse G. mientras tomábamos café.

-Esta semana me han explicado una historia de esas que te
gustan a ti. Una amiga mía, esta chica debe tener unos sesenta años, me confesó
que, su marido, un barcelonista acérrimo, cuando el Barça perdía no quería
hacer el amor con ella…

-Pues si que estamos jodidos, no.

-Pues mucho, porque durante mucho tiempo que el Barça ganara
un partido era una cosa extraordinaria… como tú muy bien recordaras.

-Bueno, sí, aunque con algunos matices, claro. De vez en
cuando algo se ganaba… Claro que no hay mal que cien años dure y… ahora se debe estar hartando, ¿no?

-Ja, ja, ese es la clave de la historia. Ahora su marido,
que le debe llevar unos diez años, está el hombre muy malito y de sexo
tralarile…

-Pues si que tiene suerte tu amiga.

-Bueno, me ha dicho que se está buscando un amante que le
guste el tenis, y que sea fan de Rafael Nadal a ver si no para de “pillar” en
una buena temporada.

-Oye, pues que se dé prisa antes de que ese empiece a
perder.

Después he estado releyendo los mails que me ha enviado mi
nuevo editor, que quiere que cambie el titulo de la novela que me quieren
publicar, y me he vuelto tarumba dándole vueltas al mismo concepto sin
encontrar ningún título brillante al que acogerme. He levantado la cabeza y me
he quedado mirando a un cuadro que creo que fue el primero que pinte.

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2 Respuestas a “CONVERSACIONES

  1. Otro mar, otra tormentas… a veces basta con levantar la cabeza para encontrar un título estupendo.

  2. la chica del ganster

    Pues no esta mal la idea de Holmes para el título:

    Otro mar,otras tormentas.

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