EL ALCALDE Y LAS NUDISTAS

Sí, ya sé que es una especie de perversión… Pero que queréis que os diga, a mi me gustan las películas de Louis de Funès y no pienso justificarme. Este verano he recordado varias veces la fabulosa saga del gendarme de Sain-tropez. Aquellos descontrolados gendarmes persiguiendo a los hippies que hacían nudismo en la playa, azuzados por el histriónico de Funès, madre mía, que risas. Aunque… por cierto es lo mismo que ha estado haciendo el gran gendarme Trias, a la sazón alcalde de Barcelona, mandando a sus urbanos a perseguir a los nudistas de la playa de Sant Sebastia, en la Barceloneta. Que por cierto, desde de que yo tengo recuerdo, siempre ha sido una playa nudista y jamás ha molestado a nadie hasta que un alcalde, al que imagino ocioso y muy beato, se ha puesto a molestar a gente que jamás ha molestado a nadie. Que más le dará al señor Trias que por las ramblas se muevan bandas de carteristas esquilmando al personal, eso no tiene ninguna importancia, no y, además, la guardia urbana no está para eso. Lo verdaderamente importante es procurar que unos pobres bañistas se pongan los calzones, por dios que sacrilegio, que pecado: carne a la vista, quizás sea conveniente que volvamos a instaurar, como ley, la obligatoriedad del baño con vestido integral, y las mujeres con el velo puesto, ¿qué se han creído? ¿Qué pueden ir desnudas promoviendo la lujuria por las playas del señor alcalde? Pues no, para eso tenemos este nuevo defensor de la decencia y la moral: D. Xavier Trias i Vidal de Llobatera, que Dios guarde muchos años.

Me recuerda usted, señor alcalde, a los curas confesores de mi escuela, y a la angustia que me producían cada vez que me tenía que confesar. A los curas de mi colegio solo les importaba una única cosa:

-¿Te tocas? –era la pregunta.

A aquellos servidores de la iglesia les tenía absolutamente sin cuidado que hubiera asesinado a mi madre, o que tuviera la intención de prenderle fuego al colegio. Lo único relevante, el pecado máximo era sí le daba o no le daba a la manivela… Ni que decir tiene que yo, por esa época, en el tema ese me aplicaba con pasión, perfección y frecuencia; aunque mi respuesta siempre era un dubitativo:

-No, no…

Me están entrando unas ganas locas de irme desnudo hasta la plaza Sant Jaume, a ver si usted me quiere confesar y… créame, quizás lo haga. Pero, mientras tanto, le rogaría que se dedicara a arreglar los extraordinarios problemas de esta ciudad, que son muchos y deje usted en paz a la gente decente que viva su vida como crea conveniente.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s