ESTO SE ACABA

Cuando me dijeron que la cena era el 21 de diciembre les advertí que ese era el día previsto para que se acabara el mundo según el calendario maya, y todos estuvieron de acuerdo en que ese era el mejor día para cenar juntos.
-Oye, que mejor formar de acabar con todo esto que cenando divinamente con buen vino y mejor compañía.
Y por supuesto tienen razón además, rebuscando en mi memoria, recordé un viaje que hice a Méjico y la historia que me explicaron mientras visitábamos un pueblo Maya; que me dejó la impresión de que esa civilización no es de fiar.
En una antigua misión religiosa de evangelización cristiana, en la que enseñaban la fe Católica y bautizaban a los pobres pobladores mayas de la región del Yucatán. La religión, sea esta la que sea, siempre tiende a crear adeptos para sus ideas y siervos para sus fines… Pues esto es lo que le sucedió a una buen chico maya que vivía en un sencillo poblado, con tejados de paja en sus chozas y hamacas tejidas a mano para dormir. Ese muchacho que se llamaba… Bien, llamémosle: Puc.
Puc estudió el catecismo con pasión y abrazó la fe cristiana sin ninguna duda en su corazón, con confianza absoluta en todo lo que el fraile le explicaba y cumpliendo con estricta rigurosidad todos los preceptos que su nueva fe le imponía. Llegó el momento de bautizarse y para Puc, el sacerdote, escogió el nombre de Pedro. Un nombre que a Puc le gustaba mucho. En una sencilla ceremonia religiosa fue bautizado con estas palabras:
-Puc, con esta agua yo te bautizo con el nombre de Pedro y a partir de ahora te llamaras Pedro Puc -dijo el cura tirándole agua bendita sobre la cabeza que caía deslizándose por el pelo negro de Puc, ahora Pedro, directamente en el suelo de tierra y piedras de la aldea.
Pedro Puc se convirtió en un magnifico cristiano, piadoso y aplicado que acudía a misa diariamente y seguía todas las normas que un buen devoto debe respetar.
Sucedió que aquella semana, el viernes, era el cumpleaños de Pedro Puc y éste quería invitar a todo el pueblo a su celebración. Pedro se fue a su casa y le dijo a su madre que quería invitar a una comida por su cumpleaños. Se fue al corral, para ver que manjares les podría ofrecer a sus amigos y vio: un pato, dos gallinas y un cerdito. Volvió muy disgustado a su casa recordando que en sus enseñanzas cristianas se prohibía comer carne los viernes. Se lo explicó a su madre y aquella noche, en la que no durmió mucho, saltó varias veces de su hamaca para mirar su corral, en el que seguían estando las dos gallinas, el pato y el cerdito…
Al día siguiente, como siempre, fue a la iglesia para hacer de monaguillo en la celebración de la misa. Una vez acabada esta, Pedro Puc, le preguntó al cura por el tema de la carne del viernes.
-No Pedro, no, los cristianos no podemos comer carne los viernes por ninguna circunstancia ni tan siquiera por tu cumpleaños.
Pedro regresó a su aldea muy triste. Tristeza que ya no tenía cuando entró en su choza y le dijo a su madre:
-Mamá, avisa al pueblo para la comida de mi cumpleaños -dijo riéndose y enseñando sus dientes pequeños y blancos.
-Pero hijo… Tú ya sabes, es viernes, no podemos comer carne.
-No te preocupes Mamá, avisa a mis amigos, yo lo arreglaré.
Mientras su madre salía para avisar a sus vecinos, Pedro Puc se fue a su corral se arrodilló delante del cerdito y mojó la mano en un charco de agua que había dejado la lluvia de la noche anterior y le dijo esto, al cerdo, mientras le mojaba la cabeza:
-Cerdito, a partir de ahora te llamaras pececito.

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