APRECIADO REY

Apreciado Rey: S.A.R. Juan Carlos de Borbón, he escuchado con mucho interés su discurso de navidad; que decepción, amigo. Quizás sería mucho pedirle que hablara usted de la corrupción, con lo que tiene usted en su casa pero… Tampoco hizo ni una sola mención a la justicia que, como usted sabe, no funciona con lo cual todos los ladrones andan sueltos y, encima, a partir de ahora solo será accesible para cuatro ricos. Tampoco se refirió en ningún momento al drama de los desahucios, que se están produciendo en el mismo escenario en el que nuestro peripatético (esta palabra es de las suyas) gobierno le está inyectando miles de millones, que pagamos entre todos, a los bancos; premiándolos así por su nefasta gestión, en ocasiones probablemente delictiva, y dándoles suficiente capital para que paguen los gastos de los desahucios y se llenen los bolsillos con dinerito fresco, público y gratuito. Tampoco le escuché, señor, una sola palabra sobre el drama absoluto de los seis millones de parados. Tampoco nada sobre la sanidad, que una panda de vándalos está intentando destruir para montarla de nuevo, privada, cara y gestionada por sus amiguitos del alma.
Bueno no lo voy a cansar más con lo que no dijo porque, la verdad, usted no dijo casi nada. Fijémonos pues en algo de lo que sí dijo: “Quiero reivindicar la política grande, esa que para destacar su dignidad y valor solemos llamar la política con mayúsculas.” Mire señor, la política con mayúsculas solo la pueden hacer políticos mayúsculos y aquí no tenemos, en este momento, a ninguno del que no podamos decir que no es un incompetente y, muchísimos de ellos, lo que son es simple y llanamente unos delincuentes. Esta es la cochina realidad y creo que no podemos ignorarla.
En cuanto a la puesta en escena me ha parecido simplemente perfecta. Estaba usted magnifico sentado en la mesa en esa pose informal y moderna. También me gustó mucho ese gesto teatral y efectivo de tirar los papeles encima de la mesa cuando la cámara lo enfoca por primera vez. Es decir… en el tema de la estética lo han bordado. Lo cual, la verdad, también me plantea algunos conflictos morales que resume, muy bien, el gran filosofo Maki Navaja: “En un mundo sin ética, solo nos queda la estética.”
Créame señor cuando le digo que estoy hecho un lio con usted. Ya no le veo esquiando ni navegando en esas regatas tan pijas a las que usted iba, tampoco creo que sea conveniente que vuelva a cazar elefantes en Botswana y, como en el tema de los discursos está flaqueando bastante, creo que solo me queda pedirle que para el día 6 de enero, día de los reyes magos, me traiga usted la Play Station 3. Muchas gracias.

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